jueves, 5 de enero de 2012

NECROFILIA Y COPROFAGIA

Arnaldo Hernández.
Necrofilia, según el diccionario digital de la RAE, significa atracción por la muerte o algunos de sus aspectos.
Los más de 600 planes para asesinar a Fidel Castro que se han contabilizado son un ejemplo de necrofilia, de atracción por matar, además de la conspiración para cometer el delito de asesinato premeditado, en este caso magnicidio.
Necrofilia es lo que pudiera explicar el pacto del gobierno de los EEUU y la contrarrevolución con elementos del crimen organizado norteamericano para matar a Fidel Castro, en vez de perseguirlos y hacer que respondan por delitos cometidos contra muchos ciudadanos e intereses norteamericanos, como el tráfico de drogas o la violencia desatada en cualquier ciudad en forma de sangrientas guerras entre clanes y ajustes de cuentas.
Pichones del batistato, me refiero a los hijos de algunas conspicuas personalidades, politiqueros y esbirros de la tiranía del General Fulgencio Batista, que ocupan asientos en la cámara de representantes de los EEUU, como Ileana Ros Lethinen y Mario Díaz Balart, han expresado en reiteradas ocasiones a distintos medios de prensa y ante cámaras de televisión, que gozarían de júbilo ante la muerte de Fidel Castro. Es como un placer necrofílico que puede tener su origen en los cuartos de tortura y asesinato de las estaciones de la policía y la guardia rural batistiana.
John Negroponte, cuando era el jefe de los servicios de inteligencia del gobierno de los Estados Unidos, y el periódico El País, de España, juraron con obcecada necrofilia que Fidel Castro tenía una enfermedad terminal y sin recato alguno apelaron a las manidas “fuentes que pidieron el anonimato”, o sea, que pudo ser cualquiera, incluso una invención de ellos mismos, procedimiento muchas veces utilizado por gente sin ética alguna para legitimar mentiras.
Que conste: la coincidencia entre el entonces zar estadounidense del espionaje y la subversión y los editores ibéricos pudiera ser estrictamente casual, pero se repite tanto, que hace pensar en un entendimiento entre ellos. Quizá esto explique versiones según las cuales el Grupo Prisa es más estadounidense que español.
En Miami la necrofilia deviene festín: en varias oportunidades han salido caravanas carnavalescas por toda la ciudad para festejar la supuesta muerte del dirigente cubano o han brindado hasta la borrachera por motivo de algún padecimiento terminal inexistente. Ahora también lo hacen en Twitter.
En enero de 2007 informaciones de prensa reportaron el entusiasmo con que el gobierno de esa ciudad había aprobado por unanimidad “crear un comité para planear un festejo ordenado por la muerte de Fidel Castro, que incluiría música, discursos y camisetas conmemorativas” y utilizar el estadio municipal como “sede oficial” del convite. ¡Qué pena por los que viven en esa ciudad!
¿Se imaginan un gobierno formado por Meyer Lansky, Santos Traficante y los herederos de la plaga batistiana, con la cuerda de testaferros y esbirros que siempre les acompañan? Hubieran convertido a Cuba en una versión a gran escala de Sodoma y Gomorra o en un portaviones gigantesco dedicado al envío de drogas para el consumo de jóvenes norteamericanos y el lavado masivo de dinero, con patente de corzo rubricada por un presidente de los EEUU.
¿Se imaginan a Luis Posada Carriles en algún cargo gubernamental en Cuba? Agente de la CIA, matarife y torturador en la policía política venezolana en los años de la más brutal represión contra el movimiento popular en ese país y más tarde uno de los responsables de la voladura en pleno vuelo de la nave de Cubana de Aviación en 1976, en la que perdieron la vida 73 personas, y de los ataques con bombas contra los hoteles habaneros en 1997. Para Posada, el joven italiano Fabio Di Celmo, víctima fatal de uno de esos actos terroristas, simplemente estaba “en el lugar equivocado en el momento equivocado”.
Esto es necrofilia con morbo. No es el único caso entre los contrarrevolucionarios de Miami y Madrid, pero se destaca.
Cosa curiosa: la retórica política y de la cubanología en los EEUU introdujo la expresión “post Castro”, en referencia a un Fidel Castro muerto, después que Posada y 3 de sus compinches fueron detenidos en Panamá en el año 2000. Al parecer, el encarcelamiento de estos cuatreros terroristas les hizo perder la esperanza de asesinar al presidente cubano y decidieron esperar por su muerte natural.
Más recientemente, hace apenas unas semanas, algunos de estos  sujetos que trabajan para los llamados tanques pensantes norteamericanos,  decían con académica neutralidad, pocos escrúpulos y mucho cinismo que no había que hacerse ilusiones en Cuba hasta que no se produjera lo que ellos llaman “solución biológica”, es decir, la muerte del principal dirigente de la Revolución Cubana.
Cabe preguntarse: ¿para qué este afán por matar?
La necrofilia puede ser un gusto, realmente muy raro, pero sin consecuencias para nadie. Es posible que llegue a ser algo enfermizo y se le dispense la atención médica correspondiente. Pero cuando se expresa de esta manera, con un sentido criminal, no queda otra opción que el repudio y la denuncia, la acción policial y el sometimiento al castigo de un tribunal.
La arrogancia imperial en la Casa Blanca y la envidia de los que se han vendido y subordinado no les permite reconocer que Fidel Castro les ganó en vida, ni pueden admitir que un país haya decidido vivir de una manera libre, independiente y soberana, construya una sociedad socialista, se rebele y triunfe ante las amenazas y agresiones del gobierno de los EEUU.
Es un grave error despreciar y subestimar al pueblo y a las generaciones de relevo formadas por Fidel Castro en la lucha de todos estos años, que las ha preparado exitosamente para  resistir y vencer, aún después que él y la generación histórica de la Revolución no se encuentren entre los vivos.
Políticos, mafiosos, académicos y “observadores” piensan que las nuevas generaciones de cubanos son tontas y fáciles de intimidar, que es una cuestión de tiempo y podrán recuperar el poder y la dominación sobre Cuba.
Pero esto no es necrofilia, eso es coprofagia, que según el mismo diccionario, viene del griego kopros, excrementos, y fagia, que significa ingerir, comer, deglutir.

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